
Desde mi habitación, todavía en estado de somnolencia, he oído sus gritos en el comedor.
-¡Mama! ¡Han venido! ¡Los Reyes Magos han venido! Mira, se han comido las galletas, y las nueces. Y se han bebido el agua, y la leche. Mira, hasta hay un poco de agua derramada en el suelo.
Me dirijo en pijama hacia la montaña de regalos, todos con sus papeles relucientes, con sus lazos de colores, algunos con bolsas de diseño.
-¡Mira, David! ¡Cuántos regalos! ¡Y qué grandes! Mira a ver si te han traído lo que les has pedido.
Mi hijo, haciendo caso omiso a los paquetes, seguía mirando extasiado las pruebas evidentes del paso de los Reyes por nuestra casa.
-Pero mama ... explícame ... ¿Cómo han entrado los camellos en casa? ¿Quién sube los regalos, un rey, o un paje? ¿Cómo van vestidos? ¿Se lo comen todo en todas las casas a las que van? ¿Vienen todos los Reyes a la vez, o de uno en uno? ¿ ...?
Yo seguía insistiendo en que lo que había que hacer era abrir los regalos, y dejar de martirizar a mamá con tantas preguntas. Pero no logré convencerlo, así que me rendí, y nos sentamos al lado de la chimenea, y empecé a responder como pude.
Mientras iba inventando e inventando el relato, veía a la vez la sonrisa de mi hijo y los carísimos paquetes sin abrir al fondo de la sala.
Y me di cuenta de cuál había sido el mejor regalo de Reyes.
Comentarios
Nada que decir.
Debemos estar dispuestos a aprender de los más pequeños, muchas veces, ellos sí, van a lo esencial.
Me ha encantado tu post.
Carme
Lo que no me mola es que yo hace mucho tiempo que perdí todo eso que comentas. (snif snif)
Cuanto piden, es poco con lo que se debe de poder pedir, simplemente una sonrisa, una mirada y unos mofletes hinchados que nos digan, eh que eres muy mayor, baja un poco de tu pedestal que te has construido, sin venir a cuento, osea disfruta con lo que llevas sin manifestar, ahi dentro, pues has descubierto uno de los mayores secretos de la vida, tan sencillo y puro como el aire, el pan, etc...
Si yo fuera tu y si el fuera tu, descubririas que no piden solo dan, y eso no se descubre se lleva innato.
En fin la vida sigue y yo con mis faltas.
Con la infancia en la piel.
Degala salir, esa piel que te rodea, y que es de una persona infantil.