Lo que estresa a un profesor

El otro día me hacían esta pregunta: Pero, a un profesor/a, ... ¿qué es lo que le genera estrés?
He estado unos días dándole vueltas al asunto 

En primer lugar, el trato con los alumnos. Los adolescentes están habitualmente en el NO, porque la rebeldía de la edad les lleva a "chocar" por todo, y su caja de resonancia, donde ellos encuentran sus límites, es en el adulto. Cuando en casa encuentran unos modelos sólidos, el choque principal está ahí, en casa, con los padres, y en la escuela todo es mucho más fácil. Pero cuando un muchacho no tiene límites claros en casa, porque tiene padres débiles o debilitados (alcohol, paro, depresión, divorcio reciente, etc.) buscan el choque continuo en clase, con sus compañeros, con sus profesores y con todo el que represente autoridad. Esto requiere mucha fuerza y paciencia  por parte del profesorado, que también es humano, también tiene sus propios problemas personales, en su casa, a veces con sus propios hijos. Además cada uno busca los límites "a su manera", no hay dos alumnos iguales. A veces no tenemos tiempo, en una hora de clase, de atender a cada uno como necesitaría. 

Esto nos lleva al segundo punto de estrés, la fuerza o debilidad del propio profesorado. A veces el profesor/a no tiene suficiente fuerza para gestionar los conflictos de la clase, porque sus propios temas están sin resolver. Tal vez tiene todavía asuntos con su propia familia de origen,  que proyecta en su centro de trabajo de manera inconsciente. Si a ello añadimos algún alumno que le haga de caja de resonancia de ese conflicto propio, tenemos una batalla continua cada clase (el caso de ese alumno/a que, no sabemos por qué, nos saca de nuestras casillas).

En tercer lugar, tenemos la percepción de que la administración no nos apoya, sino al contrario, nos llena de papeleo inútil, de programaciones que se quedan en palabras y no llegan a la realidad del aula que es mucho más compleja. En ningún papel se recoge el tiempo y la energía que un docente dedica cuando un alumno llora, está triste, rabioso, melancólico, se encuentra mal, o se ha peleado con un compañero. 

Luego están algunos de  los padres de nuestros alumnos (no todos, por supuesto), que a veces nos tiran la patata caliente de los problemas de sus hijos, nos hacen responsables únicos de la resolución de conflictos, síndromes, carencias ... como si la escuela tuviera la varita mágica de resolverlo todo, y la obligación. 

Y en medio de toda esta complejidad, la Pedagogía Sistémica, que no es ninguna varita mágica, pero que concede al docente  un super poder. El poder de decir SÍ a todo lo que es, tal y como es, de dotarle de unas herramientas para sanar sus propios asuntos, de ofrecer herramientas de comunicación entre las partes, de establecer puentes de comprensión entre todos los elementos de este complejo entramado. 


El poder de saber que, aunque las nubes tapen momentáneamente el sol, el sol está ahí, y volverá a brillar. 
Como en todos los trabajos que se basen en las relaciones humanas, el trabajo de docente es complejo, porque en el amplio sistema del Sistema Educativo intervienen muchos factores imprevisibles, y el equilibrio no siempre es fácil de conseguir. 

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